El conejo de mi ex era el mejor

Un profesor de música, de los mejores que tuve, tenía una máxima:

  • 10 dias de estudio à 1 ensayo en grupo
  • 10 ensayos en grupo à 1 concierto
  • Conclusión, para los de letras: 1 concierto cada 100 dias de estudio personal.

Repito que era un gran músico y profesor de lo suyo, de armonía, de técnica…  

Además de un gran modelo a seguir como persona en general, la verdad. 

Predicaba lo que hacía, daba un par de conciertos instrumentales de jazz al año. 

Conciertos exquisitos con otros músicos igualmente exquisitos. Que generalmente eran gratis y a los que iba un público muy reducido. 

Esperabamos con ansia el final de las clases, cuando aprendíamos una parte de alguna canción famosa, pero cada día solo una parte de una canción diferente. 

Bien. 

Al final del curso se organizaba una jam session, en la que tocábamos todos los alumnos algún standard de jazz en el que tratabámos de improvisar por encima. 

Recuerdo que nos pusimos tan nerviosos que tocamos la canción al doble de la velocidad habitual. 

Yo estaba con las manos tan agarrotadas que casi no podía sostener la guitarra. 

Despues de todo el año de clases, ensayos, y teoría musical.

Ese fue el resultado. 

Nervios, pasarlo mal, sensación de ridículo.

De mejor me voy de aquí y borro esto de mi memoria. 

Mal.

La verdad es que en la vida en general, tardé en fiarme de mis intuiciones.

Pero cuando empecé a hacerlo, empezó a irme mucho mejor.

Me di cuenta de que aprender armonía, técnica etc. está muy bien, cuanto más mejor. Pero que no era lo más importante.

Que esos trocitos de versiones que aprendía en las clases, era lo que más me gustaba aprender, y que no paraba hasta descifrar cómo lo hacían para que molase tanto.

Y que cuando me ponía a aprender una canción a fondo, aprendía además muchas cosas sobre acordes, estructura de las canciones, temas de las letras…

De una manera que me motivaba muchísimo más.

Cosas que luego podría aplicar para mis propias canciones.

Y lo más importante,

Que cuanto más compartía esas canciones, con amigos, con mi novia, incluso con su mascota, un conejo de angora muy majo 😉  … más me iba acostumbrando a compartir la música y más lo disfrutaba.


Después vinieron los micros abiertos… pero esa es otra historia, que merece otro email.


Por eso en mis formaciones empezamos por aprender las canciones que más te gustan, y en simular situaciones de directo, cuanto antes.

Por que como yo lo veo ahora, es la manera más natural de aprender.

Haciendo lo que más te gusta hacer, y compartiéndolo cuantas más veces mejor.

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PD 
Por cierto, el conejo de mi ex era un animal adorable. 
En cuanto me oía un acorde de guitarra, venía corriendo a oirme ensayar. 
Se acomodaba debajo de la mesa y de vez en cuando levantaba una de sus orejotas. 
Le cogí mucho cariño a aquel animal. Y pensándolo ahora, fue muy buen público. 
 

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